Y es que hay días que es eso lo único que necesitas y te hace falta: sentarte, ponerte a Extremoduro de fondo, y dejarte llevar. Quizás cierras los ojos para concentrarte más, o quizás los dejas abiertos para no alejarte demasiado de la realidad. Sentir tu interior, ese que esta dentro de tu cuerpo y que a veces hace fuerza solo para que le prestes atención, igual que un niño pequeño. Necesitas no pensar en nada, dejar que todo lo que se pasea por tu cabeza de un lado a otro se vaya al compás de las notas y de la
poesía cantada.
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